jueves, 30 de junio de 2011

Contadoor, deecepciooon, contador clembuteroooool

Truena la megafonía del parque temático medieval del Puy du Fou, donde ayer se presentaron los equipos del Tour: «¡Y ahora, el Saxo Bank, el equipo de Alberto Contador!», clama el conductor de la gala. Y ahí se desata la pitada de buena parte de los 6.000 espectadores. Salen al escenario los ciclistas del equipo danés. Uno a uno. Cuando aparece el madrileño, segundo abucheo. Contador, serio, no saluda a la grada. Tampoco sus gregarios españoles. Territorio hostil. Enseguida, el locutor le hace una breve entrevista, protocolaria. Tercera pitada. Y una más, la cuarta, cuando al fin Contador se va del improvisado patíbulo. Áspero comienzo.
«Estoy triste -confesó Bjarne Riis, mánager del Saxo Bank-. La gente no ha entendido que se trata de un error. Tendría que abuchear al reglamento». Unos minutos antes, esa misma grada había sido un aplauso total para Andy Schleck. Primera victoria del luxembugués sin un metro recorrido.
Contador no ha vuelto a probar la carne de ternera desde que en agosto de 2010 le comunicaron que había dado positivo en el Tour con clembuterol, una hormona para engorde de ganado. Se le indigestó el solomillo que había tragado en la última jornada de descanso de aquel Tour. Y no termina de digerirlo. Aún repite. Ayer, en la rueda de prensa previa al inicio mañana de una nueva edición de la ronda gala, ya tuvo que responder a preguntas que cuestionaban su presencia en este Tour. «Me parecen ridículas las sospechas. Tengo claro que voy a ser el ciclista más controlado de la carrera», respondió a mediodía en Les Herbiers, a dos pasos de Nantes. Por la tarde, en la presentación de equipos en Le Puy du Fou, le llovieron las flechas. Y de donde más duele: del público.
«Mi postura es de tolerancia cero con el dopaje» (JAJAJAJA), repitió por la mañana. «Sé que el Tour es la carrera de más presión mediática. Pero voy a intentar mantenerme concentrado en la prueba y olvidarme de todo lo demás», se reafirmó. Unas horas después supo lo que le espera: dudas, dedos acusadores y un coro de silbidos. Contador no es el preferido. La afición francesa se decantó en 2010 por Andy Schleck cuando el madrileño aprovechó un salto de cadena del luxemburgués para dejarle atrás en el col de Balés. Al día siguiente, escuchó los primeros pitos.
«Tiene derecho a correr» (Y UNA POLLA)
Ayer hubo más, aunque de otro origen. El dichoso solomillo que no se termina nunca. Hasta el 1 de agosto, el Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS) no abrirá el juicio de ese caso. Hasta entonces Contador, como dice Bjarne Riis, tiene «derecho a correr». La Federación española le absolvió a finales de febrero. Desde entonces, corre y, casi siempre, gana. Ese es el argumento que Contador esgrime: «Desde principios de temporada nadie ha pasado más controles que yo y sigo ganando en cada carrera que voy». Eso dijo ayer ante la prensa mundial. No le atosigaron en exceso. Apenas un par de cuestiones espinosas. Una de ellas fue sobre su pasado en equipos envueltos en caso de dopaje, como el Once o el Astana. Hace tiempo que al ciclismo le duele la memoria.

martes, 28 de junio de 2011

Seguramente la necesitaba...

Un hombre fracturó, el sábado por la noche, la luna de un comercio con la tapa de una alcantarilla para apoderarse de la gorra del maniquí. Al verse sorprendido por agentes del Cuerpo Nacional de Policía esgrimió contra ellos un revólver simulado que llevaba escondido entre la ropa.
A raíz del episodio, que acabó con el individuo arrestado, los efectivos de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta determinaron que se trataba de la misma persona que en la madrugada del 24 de junio atracó a un vecino en la avenida de Schulz. La víctima acababa de efectuar un reintegro de 200 euros en un cajero cuando fue abordado por el delincuente, quien, además, le arrebató el teléfono móvil. Los agentes encontraron en el piso del detenido la ropa descrita por el hombre asaltado en El Llano.

Great guy... once again

Dos personas fueron detenidas el pasado fin de semana por resistencia y desobediencia a la autoridad. El caso más sorprendente fue el de un varón de 43 años que tomó varias copas de más. El alcohol causó al hombre un estado de euforia y agitación preocupante puesto que comenzó a golpearse la cabeza contra las paredes del local, situado en la calle Adosinda, en el barrio de La Arena. Las personas allí presentes, atónitas ante tal espectáculo, llamaron a la Policía. Cuando los agentes llegaron al bar solicitaron asistencia médica para el individuo, que se había causado una brecha en la cabeza. El hombre se negó a ser atendido y se abalanzó contra los agentes. Finalmente, fue atendido en el Hospital de Cabueñes y después trasladado a dependencias policiales.

monger...

Se confundió de posibles clientes. Un joven ovetense fue arrestado durante la madrugada del pasado domingo tras intentar vender droga a dos agentes vestidos de paisano en La Corredoria. Según informó la Policía Nacional, sobre las tres de la madrugada dos agentes pertenecientes a la Brigada de Seguridad Ciudadana se encontraban realizando labores de control en las inmediaciones de la plaza de El Conceyín. Formaban parte del dispositivo de seguridad especial establecido con motivo de la celebración de las fiestas de San Juan. Mientras realizaban una ronda a pie, un joven se les acercó y les dijo: '¿Queréis coca?'.
El joven no sólo preguntó a los agentes de paisano si estaban interesados en adquirir droga sino que les mostró dos bolsitas que llevaba en la mano derecha. Los agentes respondieron mostrando sus plazas y su carnet profesional. Tras registras las prendas del chico, localizaron una bolsa de plástico con cinco trozos de hachís, 110 euros, procedentes presuntamente del tráfico de drogas, y una navaja.
El joven, de 19 años y vecino de Lugones, fue detenido como presunto autor de un delito de tráfico de drogas y trasladado a la Comisaría de la Policía Nacional. No tenía antecedentes policiales.

jueves, 23 de junio de 2011

Orgullo efímero...

Dieciocho años después de su llegada a Estados Unidos y cuatro después de ganar el premio Pulitzer, el periodista filipino José Antonio Vargas ha decidido confesar hoy lo que lleva ocultando todo este tiempo: que es un inmigrante sin papeles.
"Estoy cansado de huir. Estoy agotado. Ya no quiero esa vida", escribe Vargas en un extenso artículo que publica el diario The New York Times, titulado "Mi vida como un inmigrante indocumentado".
Vargas, que compartió el Pulitzer en 2007 por su cobertura del tiroteo en la Universidad de Virginia Tech ese año, se ha labrado una meteórica carrera como periodista gracias a documentos personales falsos, según confiesa en el artículo.
Un carné de conducir obtenido gracias a elaboradas mentiras le permitió entrar como becario en el Washington Post en 2003, y continuar su carrera más tarde en el Huffington Post. "Ese permiso caducaba el día de mi 30 cumpleaños, el 3 de febrero de 2011. Tenía ocho años para lograr éxito profesional, y confiar en que algún tipo de reforma migratoria se aprobara mientras tanto y me permitiera quedarme. Parecía que tenía todo el tiempo del mundo", relata el periodista.
A principios de este año, cuando la fecha se acercaba, logró un nuevo permiso de conducir del estado de Washington, válido hasta 2016. "Esto me daba cinco años más de identificación aceptable, pero también cinco más de miedo, de mentir a gente a la que respeto y a instituciones que confían en mí, de huir de quien soy", dice Vargas, que reconoce que esa fue la razón por la que dejó el año pasado el Huffington Post, y no por escribir un libro, como había dicho.
Una "nube negra" sobre el éxito
La historia de Vargas como indocumentado comenzó en 1993, cuando su madre le llevó al aeropuerto de Manila, le presentó a un desconocido y le dijo que se trataba de su tío. "Si alguien preguntaba por qué iba a América, tenía que decir que iba a ir a Disneylandia", recuerda. En realidad, se dirigía a Mountain View, cerca de San Francisco (California) para vivir con sus abuelos, con la promesa, que nunca se cumplió, de que su madre se encontraría con él en unos meses.
El joven Vargas no se dio cuenta de su situación ilegal hasta cuatro años más tarde, cuando trató de sacarse el carné de conducir y un agente de California le dijo que su "tarjeta verde", que otorga el permiso de residencia, era falsa. "Entonces decidí que nunca debía dar a nadie una razón para dudar de que era estadounidense. Me convencí a mí mismo de que si trabajaba lo suficiente, si conseguía suficientes cosas, se me recompensaría con la ciudadanía. Sentía que podía ganármela", indica.
Y en la superficie, reconoce que ha creado una buena vida, que ha vivido el "sueño americano". "Pero sigo siendo un inmigrante indocumentado. Y eso significa vivir en una realidad diferente. Significa pasar cada día con miedo de ser descubierto. Significa no contar casi nunca a nadie, ni siquiera en aquellos más cercanos, quién soy realmente", agrega. "Cuanto más conseguía, más asustado y deprimido me volvía. Estaba orgulloso de mi trabajo, pero siempre había una nube negra sobre él, y sobre mí", apunta Vargas.
En una entrevista con la cadena ABC, el periodista ha asegurado que decidió contar la verdad "para luchar por los derechos de los inmigrantes y por el Dream Act", un proyecto de ley estancado en el Congreso que legalizaría a los jóvenes que llegaron a EE UU con menos de 16 años y desean estudiar o ingresar en el Ejército. "Veía en la televisión a esos estudiantes marchando desde Miami hasta Washington, y pensaba: José, tienes que hacer algo", afirma.
Vargas, que lanzó una página web titulada "Define 'estadounidense'", es consciente de que podría ser deportado. "No sé cuáles serán las consecuencias de contar mi historia", admite. "Pero sé, en el fondo de mi corazón, que soy estadounidense", remacha.