Truena la megafonía del parque temático medieval del Puy du Fou, donde ayer se presentaron los equipos del Tour: «¡Y ahora, el Saxo Bank, el equipo de Alberto Contador!», clama el conductor de la gala. Y ahí se desata la pitada de buena parte de los 6.000 espectadores. Salen al escenario los ciclistas del equipo danés. Uno a uno. Cuando aparece el madrileño, segundo abucheo. Contador, serio, no saluda a la grada. Tampoco sus gregarios españoles. Territorio hostil. Enseguida, el locutor le hace una breve entrevista, protocolaria. Tercera pitada. Y una más, la cuarta, cuando al fin Contador se va del improvisado patíbulo. Áspero comienzo.
«Estoy triste -confesó Bjarne Riis, mánager del Saxo Bank-. La gente no ha entendido que se trata de un error. Tendría que abuchear al reglamento». Unos minutos antes, esa misma grada había sido un aplauso total para Andy Schleck. Primera victoria del luxembugués sin un metro recorrido.
Contador no ha vuelto a probar la carne de ternera desde que en agosto de 2010 le comunicaron que había dado positivo en el Tour con clembuterol, una hormona para engorde de ganado. Se le indigestó el solomillo que había tragado en la última jornada de descanso de aquel Tour. Y no termina de digerirlo. Aún repite. Ayer, en la rueda de prensa previa al inicio mañana de una nueva edición de la ronda gala, ya tuvo que responder a preguntas que cuestionaban su presencia en este Tour. «Me parecen ridículas las sospechas. Tengo claro que voy a ser el ciclista más controlado de la carrera», respondió a mediodía en Les Herbiers, a dos pasos de Nantes. Por la tarde, en la presentación de equipos en Le Puy du Fou, le llovieron las flechas. Y de donde más duele: del público.
«Mi postura es de tolerancia cero con el dopaje» (JAJAJAJA), repitió por la mañana. «Sé que el Tour es la carrera de más presión mediática. Pero voy a intentar mantenerme concentrado en la prueba y olvidarme de todo lo demás», se reafirmó. Unas horas después supo lo que le espera: dudas, dedos acusadores y un coro de silbidos. Contador no es el preferido. La afición francesa se decantó en 2010 por Andy Schleck cuando el madrileño aprovechó un salto de cadena del luxemburgués para dejarle atrás en el col de Balés. Al día siguiente, escuchó los primeros pitos.
«Tiene derecho a correr» (Y UNA POLLA)
Ayer hubo más, aunque de otro origen. El dichoso solomillo que no se termina nunca. Hasta el 1 de agosto, el Tribunal de Arbitraje del Deporte (TAS) no abrirá el juicio de ese caso. Hasta entonces Contador, como dice Bjarne Riis, tiene «derecho a correr». La Federación española le absolvió a finales de febrero. Desde entonces, corre y, casi siempre, gana. Ese es el argumento que Contador esgrime: «Desde principios de temporada nadie ha pasado más controles que yo y sigo ganando en cada carrera que voy». Eso dijo ayer ante la prensa mundial. No le atosigaron en exceso. Apenas un par de cuestiones espinosas. Una de ellas fue sobre su pasado en equipos envueltos en caso de dopaje, como el Once o el Astana. Hace tiempo que al ciclismo le duele la memoria.
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