lunes, 6 de febrero de 2012

No era Josh Stricker...

Josh Powell hizo explotar ayer su casa en Graham, Washington, con sus dos hijos dentro. Minutos antes de abrir el gas había enviado tres palabras a su abogado por correo electrónico: «Lo siento, adiós». Todo comenzó en 2008 con a desaparición de su mujer, Susan, de la que fue sospechoso desde las primeras investigaciones. Por aquel entonces perdió la custodia de sus hijos, que nunca recuperó.

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