Los procesos mentales del granadino José Piñar confluyen directamente en sus nuevas pinturas, símbolo de la introspección, el ritmo, la seriación y la armonía entre azar y razón. Sus obras recientes, que expone la galería Lola Orato, en Oviedo, responden a tales premisas. No en vano, es uno de los artistas españoles que más y mejor ha investigado durante la última década las posibilidades de renovación del medio pictórico. Su obra forma parte de las colecciones del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid), el Banco de España (Madrid), el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (Sevilla) y el Museo de Arte Unión Fenosa (A Coruña), entre otras.
Para situar la trayectoria de José Piñar en el panorama contemporáneo español habría que partir de esa larga generación de autores que recuperaron la impronta del expresionismo abstracto norteamericano, cuya huella siguieron numerosos maestros, con Esteban Vicente y el granadino José Guerrero a la cabeza. La presencia de este último en España (tras su exposición de 1970 en la galería Juana Mordó) influyó notablemente en las generaciones que florecieron en los años ochenta y trascendieron también a las siguientes.
Pero en José Piñar (como ocurre con otros pintores actuales, como Juan Uslé) esa ‘expresión’ potencial del espacio y los grafismo ha venido tomando otros caminos donde la ordenación, la mirada y el pensamiento priman sobre la ‘acción’. Los efectos ópticos se multiplican en estos cuadros, enfrentando geometría y gesto.
Los contrastes de color, la síntesis, el dominio del espacio y la austeridad compositiva confieren a las piezas expuestas en Oviedo una potente personalidad, una suerte de ‘estructuración espiritual’ capaz de analizar la pintura desde dentro, en formatos y técnicas tan diversas como complementarios. En las pinturas de Piñar, cada signo, cada pincelada, parecen responder a una premeditación lenta, ajena a casualidades o azares.
Sus cuadros reclaman la mirada del espectador para trascender más allá de la impresión meramente estética, para comprender las intenciones de un autor que juega una y otra vez con sus paisajes interiores a través de movimientos, reflejos y diálogos con la luz.
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